Pequeña actualización y microrrelato

Saludos.

La entrada de hoy es principalmente para comentar en otra que publicaré apenas termine de calibrar la impresora. He estado probando el plástico ABS que compramos hace tiempos  (sep, más de un año en la casa y hasta ahora lo estoy probando), pero ha resultado se más complejo de lo que esperaba. En serio, al principio parecía fácil, y la verdad pensé que podría imprimir rápido un busto de Atena sólo para hacer una referencia a Allan Poe, pero parece que eso tendrá que esperar. Siento que el proceso ha sido así (lo siento, no encontré ningún gif de mejor tamaño):

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Así que si. Cuando tenga la cosa más o menos funcionando (o, si todo va bien, funcionando del todo, lo cual sería hermoso), haré una entrada comentando el proceso.

Ahora, sé que hace mucho no publico nada de lo que escribo (que la verdad siento que queda un poco atravesado en el blog). Principalmente se debe a que no he escrito casi nada desde hace un buen tiempo, pero tenía un relato retenido por cuenta de que era para un concurso.

El concurso fue a principios de año, y terminaba a finales de enero/inicios de febrero. Aunque no esperaba ganar (spoiler: no lo hice 😛 ), sí me ilusionaba la idea de salir en una selección de microrrelatos (lo que uno mandara al concurso podía tener como máximo 150 palabras) que la editorial iba a sacar, ya que eso significaba que era lo suficientemente bueno como para salir.

Pues resulta que ya ha pasado más de un mes desde que anunciaron a la ganadora (pueden leer el anuncio con su relato aquí) (por cierto, felicidades a la ganadora, aunque es virtualmente imposible que dé con este blog 🙂 ) y no han publicado nada, así que estoy suponiendo que no lo harán.

Pero bueno, la colección no pareciera que va a salir por lo pronto, y el concurso terminó, así que soy libre de hacer lo que quiera con mi relato. Sin más quejas que añadir, he lo aquí:

Cuando Dejé de Ser

Hacía mucho frío; más del que creía era posible experimentar. La noche se cernía sobre mi celda de árboles, siendo las estrellas la única guía y consuelo que tenía mi alma.

Como en burla, mi captor, el bosque, murmuraba un lúgubre arrullo, animándome a ceder ante el sueño. La sensación de impotencia me invadió de nuevo, pero ya no tenía lágrimas para llorar todo lo que había perdido junto con el camino: mi madre, mi padre y mi vida.

Abracé al olivo en el que estaba recostado, pues era mi última pertenencia, mi último compañero, mi último amigo; aquel que perduraría mucho más que mi memoria. Rindiendome al fin, dejé que la dama de negro me llevara a su sombría morada, alejándome de mis sueños y esperanzas. Recuerdo haber agitado mi mano, despidiéndome del futuro que perdía, del presente que se desvanecía y del breve pasado que me lloraría.

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Tallas

Hola a tod@s!

Como creo que ya sabrán por entradas anteriores (y si no lo había comentado antes: ¡Sorpresa!), estoy aprendiendo a tallar desde hace un tiempo. Desde hace ya bastante tiempo tengo una cuchara hecha para mostrar, pero como estaba en medio de otra talla, decidí esperar a terminarla para publicarlo… Si.

La talla en cuestión es Totoro, un picachú de los monos chinos Naruto de la película Mi Vecino Totoro (que no me sorprendería que todos los lectores conocieran), película a la cual me hermana es muy aficionada.

Lo que retrasó el proyecto fue la pereza un enorme error que cometí en la fase de lijado: me salté varios números de lija. Como la madera que usé para el proyecto es pino, es fácil rallarlo o hacerle marcas, y la lija no es una excepción. Entonces, para que no quedaran líneas por todos lados, me tocó darle el lijado final con lija 1000, que es la más fina que tengo a mano. En si esto no es un problema, salvo porque la lija 1000 es muy lenta, y cuando quedan rallas de lija 150, uno tarda mucho en quitarlas. Moraleja: nunca evitar usar un número de lija, o al menos no pasar a una el doble de la que se está usando (si se esta usando una lija 80 no pasar a una mayor a 160, por ejemplo).

También tomé fotos de un proyecto en proceso: una (pequeña) estatua del gran Cthulhu:

Y bueno, para terminar, les dejo una foto con todos juntos y una regla, para que se hagan una idea de las dimensiones.

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¡Saludos!

Representando la 4ª dimensión

Saludos a todos 😀

Hoy quiero empezar con un pequeño acertijo: Los siguientes dos objetos son el mismo, pero su diferencia radica en una dimensión.

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Respuesta: El de la izquierda, es un cubo; un objeto tridimensional (3 dimendiones). El objeto de la derecha también es un cubo, pero este está girando; es un objeto tetradimensional (4 dimensiones).

Antes de profundizar, creo que debo explicar como llegué a la idea. Desde hace un tiempo he estado añadiendo a mi biblioteca a loc clásicos de la ciencia ficción (Frankenstein, 1984, Un Mundo Feliz, etc.), y conseguí un libo que trae La Guerra de los Mundos y La Máquina del Tiempo. Tras haber terminado el primero, decidí leer otras cosas, dejando el segundo en el olvido. Pero, viéndolo el otro día, me dio por leerlo, y la verdad, me alegra haberlo hecho.

Independientemente de cuanto me gustó el libro (que lo recomiendo mucho, en especial si eres aficionad@ a la ciencia ficción), las ideas que expone son muy interesantes, pero me quedó sonando una de las primeras: al principio del relato, El Viajero del Tiempo (pues así se le llama) explica a un pequeño grupo que ha estado estudiando la 4ª dimensión, y que ha intentado dibujar a una persona de 4 dimensiones. Inmediatamente después de haber leído esto, me surgió la duda: ¿Cómo se podría hacer?

Ahora paso al siguiente punto, que es explicar algo importante: ¿Qué es la 4ª dimensión? La respuesta simple a esta pregunta es “el tiempo”, pero en lo personal no creo que esta respuesta le haga justicia al concepto. Estamos acostumbrados al mundo tridimensional, uno con alto, ancho y profundo, pero siempre ignoramos una adicional, que es duración.

Todos sabemos cómo funcionan las películas: una secuencia de fotos (llamados fotogramas) va cambiando rápidamente, dando la impresión de que hay movimiento. Ahora, supongamos que viendo un video, vemos un objeto que mide un metro cúbico, y un instante. El resultado sería que el objeto aparecería y desaparecería al instante, probablemente sin que ni siquiera nos diéramos cuenta. El objeto duró muy poco. Así como un objeto mide un metro de ancho, tiene que medir algo de duración.

Espero haber dejado eso claro, pero si no, saben que pueden comentar para hacérmelo saber.

Pero bueno, esto genera una duda, ¿cómo podemos representar el tiempo? Aparte de recordar la famosa pintura de Dalí, también llegó a mi cabeza la siguiente imagen:

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A la izquierda tenemos un cuadrado; un objeto bidimensional. A la derecha, un “cubo”, un objeto “tridimensional”. Lo interesante aquí es que ambos son dibujos, ambos, en realidad, tienen dos dimensiones. Y aun así decimos que uno es un cubo. A la derecha representamos un objeto tridimensional usando sólo dos dimensiones. ¿Por que no habría de poderse hacer lo mismo con un objeto de cuatro dimensiones usando sólo tres?

Tras echarle cabeza (pensar al respecto), se me ocurrió que, por ejemplo, si cojiéramos todos los fotogramas de un video, los volviéramos algo transparentes, y los pusiéramos uno encima del otro para que quedara una sola imagen, estaríamos viendo una representación de la cuarta dimensión.

He aquí el “cilindro” de la primera foto:

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Es un cubo girando.

Calibrando a Merlin (de nuevo)

Hola!

Creo que ya he hecho demasiados chistes sobre no estar muerto, y ya está gastado, así que esta vez le echaré la culpa a final de año 😀 . En fin, ya finalmente empiezo a retomar todos mis proyectos, así que empezaré a mover más el blog (Esta vez es en serio. En realidad me hace sentir mal lo mucho que me visitan y lo poco que hago en el blog…).

Como ya saben, mi impresora se llama Merlín. Y la volví a calibrar porque hacía mucho no la usaba y o perdí la configuración o nunca la tuve en primer lugar (Yay! Que bonito debe ser tener buena memoria). Voy a comentar un poco el proceso que hice, aunque aún me falta hacer varias cosas, pero por lo menos tengo algunas cosas básicas. Espero esto le sirva a alguien 😀 .

Lo primero era hacer unas pruebas para revisar cosas básicas, como velocidad, temperatura, altura de capaz, etc. Para eso utilicé una pieza que básicamente son 4 paredes, algo así como un corral. No tengo fotos de esas pruebas porque las las rompí todas una vez terminadas las pruebas (no soporté la tentación… Es que se siente chevere D: ). Las dimensiones del “cubo” eran de 1 cm por todos lados, aunque tras unos intentos lo cambié a 2 x 2 x 1 cm, ya que, siendo más grandes las superficies, se pueden ver más detalles, pero sigue manteniendo el bajo consumo de tiempo y material.

Una vez resuelto eso, me dediqué a solucionar el problema de los diámetros internos. Generalmente cuando uno imprime una pieza que tiene un hueco atravesándola, suele salir más pequeño de lo que dice en el computador. Esto se debe a que las “paredes” de la impresión son muy gruesas, reduciendo el tamaño del hueco. Hay dos formas de resolver esto: se puede agrandar el tamaño del hueco en el computador, para que se imprima al tamaño correcto, o se puede reducir el grosor de las “paredes”. Como no siempre se puede editar el modelo (ya sea por no poseer el archivo original o porque modificar éste sería complicado, como en el caso de las roscar), decidí concentrarme en reducir el ancho de las paredes.

Esto se logra reduciendo la cantidad de plástico que la impresora extrulle mientras imprime (o al menos así lo he resuelto yo). Aunque esto funciona, hace que la pieza salga un poco menos resistente, teniend una estructura un poco más frágil:

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La de la izquierda es la que tene menos plástico, y la de la derecha tiene la cantidad normal.

Una vez hecho eso faltaba hacer las pruebas en serio. Mi padre me había pedido varios añadidos para su moto-tool (Dremel), todos estos involucrando la rosca del mismo.

En primer lugar está un pequeño adaptador, para poder hacer distintos soportes.

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Luego otros más interesantes: afiladores de brocas. Se atornillan en el Dremel, que tiene un disco que de perfil se ve en forma de T.

Y finalmente, un adapador para usarlo como ruteadora. La base mantiene la herramienta de forma que se puede “dibujar” con ella en la madera.

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Espero que la entrada les haya servido de algo, o por lo menos haya sido entretenida 😀 Como ya dije,empezaré a mover más al pobre blog por varios frentes (trayendo cosas de escritura, electrónica, talla, y quien sabe que más) Muchas gracias por su apoyo hasta ahora!

Y, que se los debía: ¡Feliz año nuevo!

El mundo real

Hola!
    Hoy vuelvo a dejarles otro relato corto de mi autoría. Este es ciencia ficción, aunque no estoy del todo seguro (podría ser futurismo 😛 ). Se me ocurrió la idea cuando, navegando por Facebook, encontré una publicación en la que comparaban como tres generaciones habían vivido su infancia, siendo estas los abuelos, los padres y los niños. Obviamente el video dejaba una imagen negativa sobre la infancia de los niños de hoy día con la tecnología (cosa de la que ya he hablado en el blog previamente). Dejando mis opiniones al lado, se me ocurrió una historia en un futuro distante (¿o no tan distante? 😉 ), en la que el contacto humano con su entorno y sus compañeros es puramente digital… Espero lo disfruten 😀
    PD: Mi próximo relato está en proceso de edición, así que dentro de no mucho lo estaré publicando.
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    La investigadora se apresuró a terminar su trabajo. Tenía que enviar los informes que le habían encargado para el día siguiente, pero las ciencias naturales no eran un área sencilla, y su falta de experiencia la limitaba mucho en cuanto a velocidad.
    Se había unido a la Gran Junta Científica a los 16 años, bastante tarde en comparación con la mayoría de sus compañeros. Y si bien había cumplido con las expectativas de sus tutores, nunca había cumplido con las de sus progenitores, cualesquiera que estas fueran.
    Ellos no sabía quién era, y ella tampoco tenía conocimiento alguno sobre ellos. Pero eso no importaba. Nunca le había importado a nadie. Todos provenían de incubadoras, y sus componentes genéticos eran donados por distintas personas con características favorables para la evolución de la especie. Ella misma había hecho un par de esas donaciones, pero ni sabía ni le importaba quién pudiera surgir de esa unión genética.
    Ellos no perseguían una vida familiar o social; en su mundo sólo importaba el conocimiento científico. Crecían aislados en sus Hiper-Cápsulas, las cuales eran controladas por Unidades Lógicas, proporcionándoles todo lo necesario para vivir. Entre sus múltiples funciones poseía un controlador y un monitor holográfico, que eran usados en un principio para instruir a los niños y, tras concluir su educación, para que estos hicieran investigaciones y aportes a la humanidad.
     Y así vivían todos: juntos pero separados. Se enviaban correos virtuales, hablaban por tele-comunicador, y hacían investigaciones en grupo recorriendo selvas y pantanos, planetas y galaxias, o complejos organismos y estructuras bio-celulares a través de sus monitores. Pero no conocían los rostros de sus compañeros, cómo se siente un apretón de manos o el calor de un abrazo, ya que nadie se veía en persona porque nunca salían de sus cápsulas. Por cuenta de esto, ni siquiera sabían como se veían ellos mismos; no había necesidad o espacio para la vanidad en ese mundo, tan aislado y enfocado en el conocimiento.
    Finalmente decidió que ya había trabajado suficiente por aquel día, y se recostó en su silla, la cual se desplegó convirtiéndose en una cama. De forma automática la Unidad Lógica apagó los monitores y subió ligeramente la temperatura, con el objetivo de hacer más fácil conciliar el sueño.
    Antes de dormir se preguntó, preocupada, sobre su futuro. Le inquietaban las consecuencias que pudiera tener el retraso de su informe. No creía que la fueran a expulsar de la Gran Junta, pero de todos modos un retraso era muy mal visto, incluso llegando a ser considerado por algunos como algo carente de ética, lo cual podría costarle caro más adelante. Además, ¿A quién le importaría tener un investigador menos en su equipo? Todos los humanos formaban parte de dicha institución, con excepción de los niños, los tutores y los expulsados, y los equipos de investigación eran constituidos por grupos de cien a doscientas personas, así que era difícil imaginar que alguien siquiera notara la ausencia de una persona. Este pensamiento la agobió, y presionó el botón que había junto a su cama, accionando los mecanismos que liberaron una ligera dosis de Somnogas, que al inhalarlo la sumió en el mundo de los sueños.
    La despertó un calor insoportable, acompañado por la ausencia de aire en sus pulmones. Intentó sentarse, pero su cama no se plegó en forma de silla, como solía hacerlo, ni tampoco se encendieron los monitores. Sus ojos le ardían, haciéndola sentir como si estuviera dentro de un horno, y la inutilidad de estos ante la absoluta oscuridad que reinaba en el interior de la cápsula sólo aumentaba el pánico que ya sentía.
    Trató de utilizar en controlador a ciegas para detener el infierno en el que estaba, pero todo esfuerzo fue en vano. Con el pánico previo a la muerte empezó a tocar desesperadamente las paredes, buscando algo que pudiera salvarla.
    Y entonces sus dedos resbalosos por cuenta del sudor tropezaron con la tapa de un compartimiento que no recordaba. Sin pensarlo dos veces la abrió y con el tacto descubrió que había un único interruptor, e ignorando las consecuencias que pudieran tener sus acciones, haló de la pequeña palanca.
    Para su sorpresa, no sucedió nada. Se recostó contra la pared, pues ya no tenía fuerzas suficientes para sostener su propio peso, y dejó que las lágrimas fluyeran, deslizándose por su rostro. Sin previo aviso, un sonido metálico rompió el silencio y la pared cedió a sus espaldas, dejándola car al vacío.
    La repentina luz la aturdió, obligándola a taparse los ojos con las manos. Cuando finalmente se acostumbró a la luz del lugar, se sorprendió del paisaje que la rodeaba: una amplia habitación, con paredes verdes y piso de baldosas gris oscuro, y una deteriorada puerta de madera en el frente. Pero lo que más le llamó la atención fueron las estructuras con forma de huevo, que eran unidas al techo y al suelo por varios tubos metálicos y cables de distintos colores. Una de estas, que estaba en frente suyo, tenia una puerta abierta, y de ella emanaba humo negro en grandes cantidades.
    Entonces lo entendió: había salido de su cápsula.
    Se levantó lentamente, sobrecogida, mientras se abrazaba para intentar detener el violento temblor de su cuerpo. Ni en sus más absurdas fantasías había imaginado cómo se sentía estar en “el mundo real”, pero aunque lo hubiera hecho se habría encontrado con algo completamente diferente.
    Una suave brisa proveniente del lado opuesto de la habitación le acariciaba su sudoroso cuerpo, produciéndole un frío que le hacía sentir incómoda. Al voltearse vio que la habitación se extendía varios metros, y al final había lo que parecía una entrada y tras ella, una ventana. La imagen tras esta última logró eclipsar todo lo demás, incluyendo el terror que la situación le producía.
    Cada paso le costaba mucho trabajo, pues su cuerpo no estaba acostumbrado al movimiento, pero eso no la detuvo. Cuando finalmente llegó a la ventana, tras recorrer la habitación en la que inconscientemente había estado toda su vida, vio que del otro lado del sucio vidrio se encontraba algo que había estudiado desde que tenía memoria: un bosque.
    Recorrió los corredores de la silenciosa construcción sin darse cuenta, como si estuviera en un trance, siempre mirando por la ventana. Pasó mucho tiempo, aunque no habría podido decir cuanto, mientras recorría los deteriorados corredores y habitaciones de la construcción durmiente. Finalmente, por obra del azar o del destino, llegó a la entrada principal. Las dos placas metálicas que se deslizaban horizontalmente para permitir o impedir el paso se encontraban trancadas por una pesada rama seca, manteniendo el paso abierto.
    Se detuvo en el umbral. Por algún motivo volvieron a su cabeza los mitos de los Antiguos. Vivieron en un planeta al que llamaban Tierra, un nombre bastante estúpido, teniendo en cuenta que ese planeta, según cuentan los relatos, estaba hecho de muchos más componentes, y que se encontraban en mayor cantidad, que la tierra. Se creían dueños de todo lo que había en su planeta, y utilizando los recursos que tenían lograron construir muchas cosas, pero aún así no pudieron defenderse de una amenaza que salió del fondo de los océanos, la cual nunca fue descrita. Pero estos supuestos ancestros de la humanidad volvieron a su cabeza porque, por algún motivo que no podía entender, solían caminar en lugares como al que ella había llegado, ya fuera para investigar, divertirse, o simplemente “pasar el tiempo”, o si no los recorrían usando unas máquinas a las que llamaban carros, que básicamente eran unas cajas metálicas con ruedas. Sacudió la cabeza. Era absurdo pensar que eso pudiera ser verdad, y si lo fue, tuvo que haber sucedido hace demasiado tiempo, ya que unos seres tan primitivos no podían estar conectados por pocas generaciones a una civilización como la suya.
    Volviendo en sí, tocó suavemente el suelo del exterior. La sensación del pasto y la tierra húmeda la sorprendió, y levantó su pie de forma instintiva. Se obligó a bajarlo de nuevo, movida por una curiosidad tanto científica como personal. Era algo agradable. Bajó su otro pie, y finalmente decidió que le gustaba.
    Caminó un rato con los ojos cerrados, disfrutando de las caricias del viento, el sonido de las hojas al moverse, y el tacto del pasto húmedos bajo sus pies.
    A esta sinfonía de sensaciones nuevas para ella se sumó una fría y húmeda. Al abrir sus ojos se encontró frente una laguna, con agua sucia y varias ramas y hojas en su superficie. Ella sólo había visto cuerpos de agua limpios y cristalinos, y sabía de todos los microorganismos dañinos para el hombre que debía tener, pero su curiosidad superó el miedo, y dio un paso adelante.
    Pensó de nuevo en los Antiguos. Ellos solían también ir a lagunas, ríos, mares, etc. a “nadar”, que era básicamente patear y manotear bajo el agua para moverse en ella. Había leído al respecto cuando era niña, y le había parecido gracioso, pero nunca se molestó en aprender demasiado al respecto, puesto que ella ya sabía como moverse en ese terreno; a fin de cuentas lo había hecho miles de veces mediante su monitor.
    El agua estaba fría, y sonrió por un momento. Era extraño, pero le gustaba. Dio otro paso, luego otro, y tras este, otro más. Siguió caminando, disfrutando esta nueva experiencia, hasta que sólo quedó su cabeza por fuera del agua. Pero no fue cuidadosa, y al dar el siguiente paso, pisó una piedra lisa, y su pié se deslizó hacia el fondo, mucho más profundo que el lugar en el que estaba.
    Involuntariamente abrió su boca, debido a la sorpresa, y con sus ojos abiertos por completo vio varias burbujas elevarse hacia la superficie. Entonces, la asfixia, una muy parecida a la que había sentido en su cápsula, comenzó a agobiarla poco a poco. Por costumbre intentó moverse tal y como lo hacía con su monitor, pero recordó que no estaba en su silla, mirando las imágenes que le mostraba el proyector olográfico.
    Horrorizada al comprender su situación, empezó a agitar sus brazos y mover sus piernas, intentando “nadar”, pero todo era en vano: su cuerpo se seguía hundiendo. En el mundo real no era tan fácil.
    Continuó su patético intento de volver a la superficie, mientras su vista empezaba a nublarse. Las sensaciones de las que tanto había gozado se estaban desvaneciendo, y moverse le costaba cada vez más trabajo. Se dejó caer, mientras que su pecho convulsionaba intentando aspirar aire, hasta que su cuerpo finalmente tocó fondo.
    Y entonces volvió a reinar el silencio en el solitario bosque, mientras que en el interior de la construcción todos los hombres y mujeres ignoraban la desaparición de su compañera. La ignoraban del mismo modo en el que ignoraban cómo sobrevivir en un mundo del que tanto creían saber.

Recuerdos

Hola!

Como dije hace un unos días, últimamente he estado escribiendo, y quería compartirles los escritos que voy. Este es el primero que he escrito hasta ahora. Espero que les guste.

Cerró sus ojos.

Siempre había disfrutado la suavidad del pasto húmedo bajo sus pies. El aire soplaba tranquilo, haciendo bailar algunas ramas de los árboles, que entonaban una melodía relajante que parecía haber sido practicada desde hacía mucho tiempo. El olor a rocío y pino inundaba todo el ambiente, y el calor del sol reafirmaba la tranquilidad a la que aquel paisaje invitaba.

Recordó cómo había jugado en su juventud por aquellas praderas, cuando por ellas se extendían grandes cultivos de trigo, que bailaban plácidamente a la merced del viento. La sensación que le producía en las manos al pasarlas por las espigas le parecía extraña, pero le gustaba.

También recordaba las lluvias. El sonido que producían las gotas al chocar con el techo de teja de su antigua casa era ensordecedor, ahogando todos los demás sonidos. Había infinidad de goteras, y era imposible no sentir la humedad en el ambiente. Lo único que hacía soportable esos momentos era la vieja chimenea de piedra que había en la sala, frente al gran sofá de cuero, en el que se sentaban a ver las llamas, arropados, esperando a que la tempestad pasara.

La vieja casa volvió a su mente, casi como un fantasma que finalmente decide mostrarse. El techo  pálido de teja cerámica contrastaba con el café oscuro de las tablas de madera mal barnizadas, que le daban a la casa un aspecto muy humilde. Las pocas ventanas que tenía solían estar tapadas por unas delgadas cortinas blancas, suaves al tacto, que eran necesarias ya que el sol solía brillar demasiado en ese lugar, y éstas sólo retenían la luz parcialmente, dando una iluminación clara y agradable.

Los pisos solían crujir al caminar, y a veces daba la impresión de que el suelo se fuera a romper bajo sus pequeños pies. El de su cuarto era el único que no crujía. Las paredes estaban decoradas con muchos dibujos suyos de naves espaciales y del cielo, tanto diurno como nocturno. Su cama era pequeña, y forzaba a dormir en posición fetal, lo cual ayudaba en las noches más frías. Una pequeña ventana iluminaba la habitación cuando el sol se ponía, y le permitía ver directamente el atardecer, sobre aquellos bellos y calmados valles.

Recordó a sus padres. Ambos habían sido campesinos desde su infancia, y habían crecido en el mismo pueblo. Su padre era alto y fornido, con pelo castaño y ojos claros. Su madre tenía el pelo largo, de color oscuro, siempre ondeando al viento, y sus ojos siempre estaban iluminados, dando esperanza y fuerza a quien los viera. Se habían vuelto padres cuando eran jóvenes, y habían logrado sacar adelante la familia y la granja, no sin mucho esfuerzo.

Tener a sus padres de nuevo en su mente hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas, y se le empezó a dificultar la respiración. Quería volver allí, con sus padres, a pasar otra tarde de verano bajo la cálida luz del sol, escuchando a los árboles silbar para que el trigo bailase su bella danza.

Abrió sus ojos.

La imagen de la celda en la que estaba era distorsionada por las lágrimas de sus ojos, haciéndola ver como un montón de manchas de distintos todos de gris. Se calmó y limpió las lágrimas. Un par de guardias se acercaron a la puerta. Ya era hora.

Iban por un corredor angosto, de paredes de ladrillos grises, interrumpidas ocasionalmente por otras puertas, color verde claro, que llevaban a otros lados de la construcción. Oía sus pasos, cada vez que las suelas duras de sus zapatos tocaban el pavimento con el que estaba hecho el piso. Tic-tac, tic-tac, tic-tac… El sonido se repetía a intervalos regulares, una y otra vez, justo como las manecillas de un reloj marcando el paso de los segundos, avisando que la hora finalmente llegaba…

Después de lo que parecieron siglos, llegaron al final del pasillo, que culminaba en una puerta igual a las que había visto anteriormente, salvo porque esta tenía una pequeña ventana, que daba una imagen al interior de el cuarto al que esta llevaba. Se le encogió el corazón al ver aquella imagen. Creía que se había preparado, pero al parecer, no estaba en lo correcto.

Uno de los guardias abrió la puerta, que no hizo sonido alguno, y el olor de limpiador llegó a su nariz. La habitación estaba iluminada por un par de potentes bombillos blancos, y la luz que emanaban enceguecía al rebotar en las baldosas blancas que cubrían toda la habitación.

Desde la puerta, a mano izquierda había una ventana, cubierta con una tela de color blanco, que le recordó vagamente las cortinas de su antiguo hogar. Frente a esa ventana, había una robusta silla de madera. La silla tenía correas de cuero un tanto desgastadas en sus patas delanteras, los reposa brazos, y unas cuantas en el espaldar. En la cima de este último, se encontraba una especie de casco metálico, del cual colgaba una tela negra en el borde.

Los guardias le obligaron a sentarse en la silla y empezaron a atar las correas, mientras un viejo cura, que acababa de entrar por la puerta verde, rezaba unas cuantas oraciones. No le prestaba atención al viejo. Nunca había creído en ningún dios, y no le importaba en lo absoluto. Sus padres iban a la iglesia cuando era joven, pero siempre se escapaba para salir a jugar con los demás niños, que se burlaban del padre que había en el pequeño establecimiento sagrado.

Finalmente los guardias terminaron su labor, al mismo tiempo que el cura, y se retiraron, aunque no sin antes ponerle el terrible casco, con la tela negra tapando su vista. Sabía que iban a correr el telón, y que muchas personas del otro lado de la ventanilla verían su partida de este mundo.

Todos esos rostros familiares, antes tan amables y comprensivos, en los que seguramente ahora solamente había desprecio y odio. Lo que más le dolía era que entre toda esa gente no iban a estar sus padres. Se imaginó a su madre, llorando, mientras era consolada por su padre, que la abrazaba y le susurraba cosas al oído. ¿Habrían ellos llorado su muerte?

Al otro lado de la ventana escuchó una voz autoritaria hablando. La voz no decía palabras. Sonaba como murmullos, aunque suponía que las personas en la otra habitación podían escuchar palabras.

No le importaba. Sólo podía pensar en sus padres, ambos llorando. Era un recuerdo que no dejaba su mente. Cada vez que cerraba sus ojos los veía. Pero no era tristeza lo que había en sus ojos…

¿Su cuerpo yacería junto a los de ellos? ¿En el lugar en el que los enterró? ¿Al lugar al que los llevó…?

Todas estas preguntas se desvanecieron de su mente, al igual que cualquier otro sentimiento o pensamiento, mientras un zumbido estremecedor sonaba en la habitación de baldosas blancas, difuminando su ser en el mundo de los recuerdos.

Trayendo de vuelta el blog de entre los muertos (¿o más bien dormidos?)

¡Hola a todos!

Después de taaaaanto tiempo vuelvo al blog (desafortunadamente abriendo con un muy mal chiste). Como ya han visto, llevo un buen tiempo sin publicar (¡Desde abril!), y esto se debe a que mis intereses han cambiado “ligeramente. Ahora le dedico una buena parte de mi tiempo a la escritura.

Como algunos ya sabrán, soy desde hace ya un buen tiempo jugador de Dungeons & Dragons, y a partir de el juego despertó mi interés en las historias (aunque para ser honesto, no puedo dejar por fuera a Stephen King, Abraham Stoker y H. P. Lovecraft). Así que desde entonces la mayoría de mi tiempo libre se ha ido en esas.

No había querido publicar nada de eso por acá, ya que es un blog maker. Aún sigo haciendo cosas, especialmente tallando, pero no tanto como antes, sin contar conque no he terminado ningún proyecto para mostrarles.

Sin embargo, hace unos días me llegó una notificación sobre un comentario en el blog, y revisando por ahí vi la cantidad de visitas que tiene el blog (francamente me cuesta creer que tenga visitas todos los días), me sentí culpable. Ustedes han estado pendientes de mi todo este tiempo. Se los debo.

Por cuenta de eso voy a “resucitar” el blog, aunque con unos cuantos cambios. Ya no va a ser un blog maker, sino uno personal, en el que publicaré mis proyectos en general. No se si sea para bien o para mal, pero es algo.

Realmente les agradezco por haber andado pendientes de mi todo este tiempo, aunque yo no haya estado pendiente de ustedes.

¡Nos vemos pronto!